
Anoche, alentada por la recomendación de Esperanza y la entrada que puso mi amigo Santi en su blog fui a ver The Reader.
Las incómodas obras de Benidorm me obligaron a entrar en la película cuando hacía unos segundos que había empezado, y me encontré de golpe con la imagen de un adolescente que comienza a vivir una intensa historia de amor con una mujer que al menos le dobla la edad, en una habitación austera, envuelta en la luz blanca del frío de la europa central y los años inmediatamente posteriores a la 2ª guerra mundial. En sus intensos encuentros amorosos juega un papel fundamental la seducción a través de las palabras, la tensión erótica no sólo viene determinada por la tensión dramática de una relación entre dos desconocidos, con una diferencia enorme de edad y experiencias, sino por las palabras, las lecturas que hace un joven de instituto a un mujer, las historias que les permiten viajar a otros lugares, exteriores e interiores; entre ellas fundamental la Odisea, poemas, obras de teatro... incluso escuchamos un par de citas en latín y en griego que muestran la sugerente sonoridad que pueden tener estas lenguas. Pero las referencias a la Odisea no están solo en las veces que el joven recita los primeros versos, la película es el viaje de una vida, de muchas vidas, como en la Odisea, con múltiples interpretaciones. Como telón de fondo el holocausto nazi, narrado a través del personaje de Hanna, guardiana de las SS; soberbia la difícil interpretación de Kate Winslet, donde es evidente su formación teatral inglesa.
Y el hilo conductor de toda la película un secreto, que de nuevo nos conecta con la esencia humana, tan compleja y cruel a veces, a la vez tan sencilla.
La Odisea, Canto I, primeros versos.
Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar; vió muchas ciudades de hombres y conoció su talante, y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros. Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo, pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas, ¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron, y en tal punto acabó para ellos el día del retorno. Diosa, hija de Zeus, también a nosotros, cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.